La verdad es que este año no tenía ninguna gana de “enfrentarme” a una gran masa de gente el último día del año. Y eso que La San Silvestre es mi carrera favorita desde que era pequeña y la corría en Gijón, en mi tierra, desde el Estadio de El Molinón hasta el Ayuntamiento. El ambiente de esa última tarde del año siempre era especial, diferente, y reunía a más de 7000 personas que querían despedir el año de manera saludable, corriendo junto al mar, saludando a sus familiares y amigos que se echaban a la calle para animarles y aplaudirles por tan heroico acontecimiento. Y corrías feliz, rápido pero feliz, disfrutando del momento, procurando atrapar a aquella chica que unos metros más adelante realizaba su carrera ajena a tus intenciones y, cuando lo lograbas, ya tenías a la vista a la siguiente víctima… ¡¡¡Qué recuerdos tan maravillosos!!!
Cuando llegué a Tenerife, me sorprendió mucho descubrir que sólo había una San Silvestre en toda la isla. Allá en la península la tradición es enorme y, en Asturias, hay una en cada pueblo o rincón… Gijón, Oviedo o Avilés son muy populares y conocidas pero otros lugares como Pravia, Villaviciosa, La Viana, Llanes, Siero, Cudillero o Grado, entre otros muchos, también celebran su deportiva despedida del año.
Pero como las ganas eran muchas no me he perdido una desde que vivo aquí, y ni que decir tiene que las calles de La Laguna son verdaderamente motivantes para levantar el espíritu navideño el día de la prueba. Sus luces, sus fachadas, sus calles empedradas, los villancicos, hacen que correr esa tarde sea una verdadera delicia.
Pero el año pasado un desafortunado incidente hizo que mis deseos por competir se redujesen casi a cero. No sé muy bien cuál fue el motivo de tal avalancha y posterior caída de deportistas pero creo que el hecho de haber colocado una cinta de separación entre una serie de atletas y el resto no fue una buena idea. Y, por supuesto, la incesante costumbre de colocar la salida en la Plaza de la Concepción, lugar sumamente estrecho, para luego dar un giro brusco a la izquierda formando un embudo de más de 2500 personas… tampoco ayuda.
Por todo ello, al enterarme este año de que se abría una nueva puerta en el sur de la isla, concretamente en El Médano, me renovó los ánimos y allí nos presentamos para darle a la carrera un poco de color “azul Atletas 97”. Muy pocas fueron las caras conocidas, estaba claro que iba a ser así, la prueba reina se disputaba muy lejos de allí y a penas una hora después de aquella con lo que, intentar estar en las dos era imposible y, de tener que escoger… la oferta de La Laguna sigue siendo mucho más jugosa que una recién nacida prueba en el Sur.
Pero aún así, más de 300 corredores hicieron acto de presencia en la Plaza de el Médano para recorrer los 5 km navideños y echarse unas risas con los amigos o aplaudir a esos locos en pantalones cortos que recorrían el pueblo de un lado a otro. Entre ellos tuve el honor de calentar y compartir carrera con la compañera del Trivalle Diana De la Rosa y su hermana gemela pelirroja, jajajaja, cuando vean las fotos lo entenderán.
La prueba se desarrolló sin incidentes: ancha salida, menos gente, menos competitividad, y un circuito algo exigente por el viento característico y alguna cuestita inesperada.
He de felicitar a la organización puesto que, a pesar de carecer prácticamente de medios humanos (puesto que supongo que la mayoría de los jueces –por no decir todos ellos- estaban en La Laguna) hicieron lo imposible para que la carrera se desarrollara sin incidentes y, en cuanto al circuito se refiere, lo lograron sin lugar a dudas, aunque a la hora de obtener las clasificaciones, fueron pocas las manos con las que contaban y aquello se demoró en el tiempo y la entrega de trofeos se pospuso para otro momento. Pero como las féminas estábamos allí, tuvimos la suerte de recoger nuestra flamante copa en un pódium algo improvisado pero con los aplausos de los que allí nos acompañaban: Diana subcampeona y yo tercera clasificada.
Resumiendo: una buena tarde, diferente, pero productiva. Buena compañía, algo de deporte, unas risas, unas fotos y, con las mismas, de regreso al norte para terminar el año, como todos, con la boca llena de uvas.
FELIZ Y DEPORTIVO AÑO 2012
RAQUEL CUEÑA
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