Una vez más el equipo de Atletas 97 se desplazaba fuera de la isla para encarar una nueva prueba incluida en el calendario nacional y para la cual llevaban más de medio año preparándose fuertemente en diversos lugares de entreno conocidos por todos (Taoro, Barranco Ruiz, Guachinches varios…)
El caso es que allí estábamos, celebrando la primera buena noticia del día y es que nuestro querido amigo “Lorenzo” quiso hacer acto de presencia en tierras gallegas para acompañarnos durante casi todo el recorrido (el resto del tiempo lo haría la Luna…) Y así, a la una del mediodía, para no peder costumbre, nos hacíamos la foto de rigor previa al calentamiento.
A las 13:30 se daba puntual el pistoletazo de salida y, desde el primer momento, los compañeros Santi y Sonia se colocaron en cabeza marcando un ritmo que, aunque parecía difícil de seguir, no teníamos ninguna intención de perder y, así, todos apretamos el ritmo para no abandonarlos, al menos en los primeros y duros repechos.
Cuando llevábamos poco más de una hora de competición, Sonia consigue separarse del grupo apoyada en todo momento por Santi y, durante unos minutos los perdemos de vista en un paraje asfáltico con repechos de poca importancia.
A medida que transcurría la carrera, esta se iba endureciendo, la diversidad de terrenos por los que pisábamos hacía que nuestros pies comenzasen a reprocharnos el error en la elección del calzado, pero la llegada al puesto de avituallamiento nos hizo olvidar nuestros dolores y ampollas.
Allí recuperamos la ventaja que hasta entonces nos habían llevado los compañeros y juntos hicimos buen acopio de alimento, para continuar con lo que todavía nos quedaba hasta cruzar la línea de meta. Algunos decían que lo más duro todavía faltaba por llegar, otros, que lo peor ya había pasado y ya sólo quedaba “coser y bailar”.
Recuperadas las energías el camino se suaviza, o eso nos parece a nosotros, que siempre unidos, haciendo grupo, nos adentramos ya en la última mitad de la prueba, en donde el circuito se vuelve más exigente y competitivo a la vez que hace su aparición una ligera niebla. El terreno está cargado de curvas pronunciadas y “sube y bajas” que hacen que, en ciertos momentos, nos tengamos que agarrar unos a otros para no perdernos ni resbalar. Como un trenecito o una conga nos dejamos llevar camino abajo y, poco a poco, vamos adelantando algunos corredores que ya, a estas alturas, no pueden más que arrastrarse hacia la meta.
Tras detenernos, esta vez más brevemente, en el último avituallamiento, sacamos fuerzas de donde ya no nos quedan y apretamos los dientes y mandíbulas para dejarnos llevar, ya cuesta abajo, detrás de los compañeros que, en todo momento, durante todo el recorrido, nos han mostrado el camino y nos esperan más adelante para que no nos perdamos en los últimos kilómetros.
Algunos, a pesar de nuestras lesiones, casi hemos conseguido llegar hasta el final, otros, se han tenido que conformar con ver los toros desde la barrera pero la gran mayoría del club han finalizado la prueba con gran éxito para ellos, no tanto en las marcas conseguidas sino más bien, en el reto superado, en los amigos encontrados en el camino, en los paisajes disfrutados pero, sobre todo, en el afianzamiento de los lazos del club, en la aventura vivida codo con codo, en las sorpresas y la complicidad con la que todo se fue desarrollando hasta poder, por fin, cruzar la línea de meta acompañando a SANTI y SONIA como MARIDO Y MUJER.
Muchas felicidades por vuestro nuevo triunfo y espero seguir viendo como crecéis como deportistas pero, sobre todo, como FAMILIA.
Un beso enorme.
RAQUEL CUEÑA
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